Síndrome del Impostor: Cómo convivir con la voz que te dice que no vales
«He tenido suerte.» «En cualquier momento se darán cuenta de que no sé lo que hago.» «Esto es un golpe de suerte, no me lo merezco.»
¿Te suenan estas frases? Es la voz que te dice que no eres lo suficientemente bueno, a pesar de las evidencias. Es la sensación de que, en cualquier momento, el telón se va a caer y todo el mundo descubrirá que eres un fraude. Esta es la esencia del Síndrome del Impostor, una experiencia que, lejos de ser una falta de humildad, es un agotamiento emocional y un freno en tu desarrollo profesional.
Lo curioso es que este síndrome no afecta a los mal preparados, sino a los que son perfeccionistas, exigentes consigo mismos y competentes. Son muchos los grandes profesionales de profesionales los que lo experimentan, no, no estás solo.
Y de nuevo, no, no se trata de eliminarla de golpe, sino de aprender a convivir con ella, de entender de dónde viene y escuchar cada vez que nos habla al oído, dialogar y dialogar hasta que se convierta en un acompañante y no en un enemigo.
¿Lo vemos más en detalle?
¿Por qué aparece el «Impostor»?
Es un patrón de pensamiento que se ha instalado en ti por varias razones:
- La trampa del perfeccionismo: Si tu estándar es la perfección absoluta, cualquier pequeño fallo te hará sentir que no vales.
- Ocurrió una vez y se quedó para siempre: Si, hubo un proyecto (o dos) en el que la “cagaste”, aprendiste de ellos y fuiste mejorando, pero lo que se ha quedado es un… “Seguro que vuelve a pasarme”.
- La comparación constante: Las redes sociales nos han acostumbrado a compararnos con los «éxitos» de los demás. Siempre parece que el otro lo hace mejor, lo cual alimenta la idea de que tú no eres suficiente.
- Tu forma de medir el éxito: Si lo mides exclusivamente por el resultado, y además eres don perfecto… a la porra la cantidad de horas e ilusión que pusiste por el camino.
- Pura potra: Incluso cuando no fallas, no es que lo has hecho bien, que va..
Los «micro-diálogos» del impostor en el trabajo
Estos son los diálogos internos que te delatan. ¿Te suena alguno?
- (En una reunión): «No voy a proponer esta idea, seguro que es una tontería y los demás pensarán que no sé de lo que hablo. Mejor me callo.»
- (Después de un ascenso): «Me han ascendido, qué suerte he tenido. Si supieran lo que me ha costado, y lo perdido que estoy ahora… tendré que trabajar el doble para cumplir las expectativas.»
- (Recibiendo un cumplido): «Tu trabajo en este proyecto ha sido increíble, enhorabuena.»
- Tú: «Bueno, no es para tanto, si lo hice en un rato. Cualquiera podría haberlo hecho.» (Minimizas tu propio esfuerzo).
- (De pedir ayuda ni hablamos): «Ya veré como lo saco adelante, esto ya tendría que saber hacerlo yo.»
Estos diálogos no te permiten disfrutar de tus logros y, lo que es peor, te impiden crecer. El impostor te mantiene en tu zona de confort, donde es difícil que te descubran, pero también es imposible que te desarrolles.
Estrategias para silenciar al impostor
No se trata de «curarte» del síndrome, sino de convertirte en el «jefe» de tu propia mente.
- Visibiliza la voz del impostor: Reconoce el patrón. Cuando te digas a ti mismo/a «qué suerte he tenido», cámbialo por «he trabajado mucho para esto y me lo merezco». Cuando te digas «no soy lo suficientemente bueno», busca porque te garantizo que eres bueno no, buenísimo en muchísimos ámbitos de tu vida.
- Apunta los síes y noes: no importa cuán grandes o pequeños, pero úsalo como en un jugado “a las pruebas me remito señoría”.
- Entiende que eres un «work in progress»: Acepta que no tienes que saberlo todo. La vida profesional es un viaje de aprendizaje constante. Cuando no sepas algo, dilo. No saber no te hace un impostor, te hace humano. «La verdad es que no sé la respuesta a esa pregunta, pero puedo investigarla y volvemos a hablar».
- Escucha: Cuando aparece en lugar de pensar “ya estoy otra vez” y castigarte con ello date unos minutos, ponte una alarma de cinco minutos y busca un lugar tranquilo, recoge todo el mensaje con cariño y paciencia, poco a poco entenderás los porqués, contesta con cariño a cada uno de tus argumentos, te garantizo que es la mejor estrategia para que pierda fuerza con el tiempo.
Tu valor no está en ser perfecto, además que nadie sabe que es eso exactamente y dudo siquiera que exista. Tu valor está en aceptar lo que sabes y lo que no sabes, ¿de que otra forma si no podrías crecer?
¿Ppreparado/a para empezar a liderar la conversación en tu cabeza?
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