Relaciones de Pareja

Equilibrio entre independencia y pareja: Cómo mantener tu identidad dentro de la relación (Parte 2)

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¿Amor o fusión? Cuando el “nosotros” eclipsa al “yo”

A veces, sin darnos cuenta, pasamos de ser “tú y yo” a ser únicamente “nosotros”. Que quede claro, no estoy hablando de la bonita sensación de sentirnos acompañados o de compartir proyectos en común, hablo de esa fusión silenciosa en la que lo individual se diluye, se pierde, y terminamos sin saber qué queremos, qué necesitamos o incluso quiénes somos más allá de la pareja.

En el primer post hablábamos de la importancia de no perderse en el otro. De cómo, al inicio de una relación, es fácil dejarse arrastrar por el deseo de estar juntos, de compartirlo todo, de vivir como si el mundo girara a cámara lenta y solo existiéramos los dos. Pero hoy quiero invitarte a que vayamos un poco más allá: ¿qué pasa cuando eso se convierte en la norma?, ¿qué consecuencias tiene esa pérdida sutil de nuestra individualidad?

Porque no, no es amor:

  • Dejar de quedar con tus amigos/as para no incomodar a tu pareja.
  • Renunciar a tus aficiones porque a él o a ella no le gustan.
  • Cambiar tu forma de vestir, de hablar o de opinar solo para evitar discusiones.

Eso es desconectarte de ti para intentar conectar con otro. Y esa fórmula puede funcionar a corto plazo, pero a largo plazo surge la desgana y/o el rencor:

  • Comienzas a sentirte apagada/o.
  • Aparece esa sensación de “me faltan cosas”.
  • Te miras al espejo y ya no te reconoces.

 Y es que una pareja sana no es aquella que comparte absolutamente todo, sino aquella en la que ambos pueden seguir creciendo de forma individual, sin miedo a que eso debilite el vínculo. Piénsalo así: el amor no es una jaula, es una red. El amor no encierra, sostiene. El amor evoluciona, cambia, se basa en la confianza, no en el control.

Si un día te ves diciendo algo tipo: “Antes pintaba/escribía/caminaba/XXX… me encantaba, pero desde que estoy con él… no sé, siento que no tengo tiempo, que no encaja en nuestra rutina”.

Hay muchas probabilidades que si rascas un poco descubras que hay miedo:

  • A que tu pareja piense que ya no quieres pasar tiempo juntos.
  • A que lo tome como una señal de distancia.
  • A que le moleste que tengas algo tuyo, propio. Empiezas a ver caras largas, hay comentarios tipo: “¿Otra vez con tus amigas?” “¿No estás ya muy mayor para eso?” “Uy, qué raro que ahora te guste leer tanto”.
  • A que, si no pasas todo el tiempo con el/ella, quiera pasarlo con otra persona.

Obviamente esto no es sano, y además no siempre es fácil ver lo que está ocurriendo, pero si al leer este texto algo te ha resonado… No lo dejes pasar porque “no quieres tener un conflicto”, eso no es auténtico, hace daño y antes o después o nos mina o explotamos, y ninguna de estas dos situaciones es deseable.

Como te decía, si al leer este texto algo te ha resonado… No lo ignores, es una señal de que hay algo dentro de ti que pide ser escuchado. Quizá sea el momento de revisar qué lugar ocupa tu identidad dentro de tu relación. Y no hagas esta revisión desde el reproche por favor, hazlo desde la honestidad y el deseo de construir algo más sólido.

Así que te propongo algo: piensa en tres cosas que hacías antes de estar en pareja y que te hacían sentir bien. ¿Sigues haciéndolas? ¿Has dejado alguna por el camino? ¿Te gustaría retomarla?

Recuperar esos espacios no es un acto de egoísmo, sino de salud emocional. No hay contradicción entre quererse a uno mismo y querer al otro. De hecho, cuanto más conectados estamos con quienes somos, más capaces somos de amar desde un lugar sano, libre y auténtico.

En el siguiente y último post, hablaremos de cómo encontrar ese equilibrio de forma práctica. Qué herramientas puedes utilizar para cuidar tu espacio personal sin romper el vínculo con tu pareja. Porque sí, es posible amar sin dejar de ser tú. Y lo vamos a ver.

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