Relaciones de Pareja

El impacto de las redes sociales en la relación de pareja: reglas no escritas (Parte 1)

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“Sube fotos de todo menos conmigo”, “Le ha dado like a su ex”, “No me ha contestado en WhatsApp, pero ha publicado una historia” … ¿Te suenan estas frases? No estás solo/a, créeme. En la era digital, las redes sociales han dejado de ser solo una forma de compartir momentos y se han convertido, para muchas parejas, en un verdadero escenario donde discuten, dudan o, lo que es peor, se desconectan.

Es curioso, ¿verdad? Nunca habíamos tenido tantas formas de comunicarnos, y sin embargo, muchas veces, lo que aparece en la pantalla nos aleja en lugar de acercarnos. Esto no se trata de demonizar las redes, ni mucho menos. Son herramientas, y como todas, su impacto depende de cómo las usemos (responsabilidad, responsabilidad, responsabilidad….).

Lo importante es que reflexionemos juntos sobre cómo las estamos integrando (o no) dentro de la relación, qué expectativas estamos creando, qué silencios estamos alimentando y, sobre todo, qué mensajes no verbales estamos interpretando (o malinterpretando).

Cuando lo público se vuelve personal y lo personal público…

Lo primero que debemos observar es que cada persona tiene una relación y una forma distinta de entender y usar el mundo digital. Para algunas, Instagram es un diario emocional, una extensión de su vida más íntima. Para otras, es un escaparate profesional, una herramienta de marketing. Y para otras, simplemente una distracción sin mayor trascendencia.

El problema aparece cuando damos por hecho que la otra persona usa las redes exactamente igual que nosotros. Y de ahí, empezamos a construir castillos en el aire o, mejor dicho, muros en la relación.

  • Que no sube una foto juntos: Ah, es porque no nos quiere tanto, o no valora la relación.
  • Que la sube: ¿Es porque no está seguro?, ¿necesita dar algo a entender?
  • Que comenta en la publicación de alguien: ¡Uhm, algo raro hay ahí!
  • Que deja de seguir a cierta persona: Lo hace “por obligación” o “porque le han pillado”.

Aquí es donde nacen esas reglas no escritas. Esas normas invisibles que nadie ha dicho en voz alta, pero que ambas partes de la pareja sienten que existen y que deben cumplirse.

  • Que hay que responder rápido a un mensaje
  • Que hay que etiquetar a la pareja en cada plan
  • Que hay que compartir cada pequeño detalle de lo vivido para que el mundo (y la pareja) lo vea.

Y si no se cumplen, empiezan los reproches, a veces silenciosos, a veces con explosiones que nadie entiende de dónde vienen.

El tema es que esas normas no surgen del amor o del acuerdo consciente, sino del miedo: miedo al rechazo, a la indiferencia, a la comparación con otros, a la falta de validación. Y como no se nombran, se instalan sin permiso y generan una tensión constante, una olla a presión de suposiciones.

Conclusión

¿Qué pasaría si en lugar de suponer, preguntamos con curiosidad y sin juzgar? ¿Si en lugar de exigir, proponemos y acordamos? El impacto de las redes en la pareja no se soluciona borrándolas o prohibiéndolas, sino aprendiendo a gestionarlas desde la consciencia y la comunicación. Y de eso hablaremos en la próxima parte, porque hay mucho que desgranar sobre lo que callamos y lo que damos por hecho.

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