Relaciones de Pareja

Los lenguajes del amor: ¿Por qué tú das abrazos y él/ella friega los platos?

Los 5 Lenguajes del Amor: ¿Por qué tu pareja y tú no se entienden?

¿Te ha pasado alguna vez que te esfuerzas muchísimo en hacer algo por tu pareja y sientes que ni siquiera lo valora? O al revés: ¿tu pareja no para de decirte lo mucho que te quiere, pero tú sientes que le falta «algo» para que te llegue al corazón? A menudo, el problema no es que falte amor, sino que estáis hablando idiomas distintos. Imagina que tú hablas francés y tu pareja habla japonés. Por mucho que grites «¡Te quiero!» en francés, si la otra persona no entiende el idioma, el mensaje se va a perder por el camino.

Gary Chapman revolucionó la psicología de pareja con el concepto de los «5 lenguajes del amor». Entender cuál es el tuyo y cuál es el de la persona que tienes al lado es, sencillamente, un antes y un después en cualquier relación. Es la diferencia entre sentirte nutrido/a o sentirte permanentemente insatisfecho/a.

Los 5 idiomas (¿cuál hablas tú?)

  1. Palabras de afirmación: Para estas personas, las palabras son el motor. Un «estoy orgullosa de ti», un «qué bien te queda esa camisa» o un «gracias por ocuparte de la cena» valen más que mil regalos. Necesitan que el amor se verbalice. Si este es tu lenguaje y tu pareja es de pocas palabras, sentirás una carencia constante.
  2. Tiempo de calidad: No es estar en el mismo sofá mirando el móvil mientras veis una serie. Es presencia absoluta. Es mirarse a los ojos, pasear, conversar sin interrupciones. Para alguien con este lenguaje, que su pareja apague el móvil para escucharle es la mayor declaración de amor posible.
  3. Actos de servicio: Aquí entramos en el terreno de «obras son amores». Que tu pareja te ponga gasolina al coche porque sabe que vas con prisa, que friegue los platos cuando te ve cansada o que te ayude con un trámite pesado es, para ti, amor puro. Si tú haces todo esto y tu pareja solo te da abrazos, puedes llegar a pensar: «Muchos mimos, pero aquí la que pringa siempre soy yo».
  4. Regalos: No es materialismo, no te equivoques. Es el detalle. Es ese «he visto este chocolate y me he acordado de que te gusta». Es la prueba física de que el otro ha pensado en ti mientras no estabas.
  5. Contacto físico: Besos, caricias, sexo, o simplemente ese roce de pies en la cama. El contacto físico es lo que les hace sentir seguros y deseados. Sin ello, se marchitan.

El conflicto de la «mala traducción» Vamos a ver un ejemplo real de esos que ocurren en el día a día.

  • Escenario: Ella tiene como lenguaje principal el tiempo de calidad. Él tiene los actos de servicio.
  • Él: Se pasa el sábado arreglando ese estante que ella dijo que estaba cojo, limpia el coche y hace la compra. Cree que ha sido el mejor novio del mundo.
  • Ella: Se siente triste y sola porque él ha estado toda la mañana «a sus cosas» y no se ha sentado a tomar un café con ella para charlar.
  • Resultado: Él se siente poco valorado («¡con todo lo que he hecho!») y ella se siente ignorada («¡nunca me hace caso!»).

¿Te suena? Esto es la responsabilidad compartida de la que siempre hablamos. Él es responsable de no haber preguntado qué necesitaba ella, y ella es responsable de no haber expresado que para ella el estante es secundario frente a un rato de charla.

Ejercicio práctico para esta semana: Identificar tu lenguaje y el de tu pareja es vital. Párate a pensar: ¿De qué te quejas más a menudo? Ahí está la pista de tu lenguaje. Si te quejas de que nunca salís, tu lenguaje es tiempo de calidad. Si te quejas de que no te ayuda, es actos de servicio.

Una vez que lo sepas, ¡haz de traductor/a! No esperes a que el otro lo adivine. «Cariño, sé que para ti arreglar el estante es tu forma de cuidarme y te lo agradezco, pero yo hoy necesito 20 minutos de café contigo para sentirme conectada». Eso es asertividad.

Aprender el idioma del otro requiere esfuerzo e intención. No es algo que salga solo al principio, pero cuando empiezas a «nutrir» al otro en su propio idioma, la relación se transforma. Dejas de pedir peras al olmo y empiezas a entender que el olmo te estaba dando sus mejores ramas, solo que tú buscabas fruta.

Próximamente: La vulnerabilidad como fortaleza: ¿Por qué nos da tanto miedo ser nosotros mismos?

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